El otro día leí un artículo en www.psychologiesrevista.com que me ha parecido muy adecuado para compartir en este grupo.
El abogado X debe contratar a un ayudante. Un experto en selección le propone a H, un hombre maduro cuya formación está un poco por debajo de lo requerido, pero cuya inteligencia emocional y solidez moral están acreditadas (el seleccionador considera fácil aprender lo primero e imposible aprender lo segundo).
Pero el abogado tiene sus reservas. H. comienza a trabajar de prueba en el bufete y, simultáneamente, se apunta a un curso para aprender lo que no sabe. Está contento, cree que poco a poco irá dominando el trabajo y está deseoso de que le den la oportunidad de demostrar su entrega. El experto en selección se interesa por la adaptación de H. y pregunta al abogado, quien responde: "No sé, me da la impresión de que no va a poder hacerse con el trabajo; en el bufete hay demasiado lío".
¡Qué peligro! El seleccionador acaba de reconocer lo que en Psicología se llama la profecía de autocumplimiento. Se trata de una perversión en el juicio humano: cuando el que juzga cree que el otro lo va a hacer mal, es muy posible que este lo acabe haciendo mal de verdad. ¿Cómo es eso? ¿Por qué? Pues porque sus errores van a interpretarse como algo habitual y no fortuito, porque no se le van a dar tantas opciones como se darían a otro, porque se le observa con menos tolerancia, porque en definitiva, el juzgador va a autoafirmarse con un "ya lo decía yo…". Y en fin, por muchas cosas.
Creo que muchas veces el abogado X somos nosotros mismos y es cuestión de convencimiento y actitud lo que nos hace remontar esa bocecita interna que a veces despista tanto y nos desvía de nuestro verdadero objetivo.
Espero vuestros comentarios y experiencias sobre el tema.
Hasta pronto.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario